Todo está vivo. Pertenecemos a un ser superior que tiene vida y todo forma parte de él. Al igual que nuestras células son parte de nosotros mismos, también lo somos nosotros del todo y por supuesto, las plantas, los animales y las piedras. Como ejemplo, voy a poner el cristal de cuarzo. Este se utiliza para fabricar relojes. El cuarzo se aprovecha porque tiene una frecuencia de vibración constante que permite hacer relojes más precisos.
El número de “latidos” de un cristal de cuarzo depende del tipo de circuito: en un reloj de pulsera suele vibrar a 32.768 hz, es decir, vibra 32.768 veces en un segundo. El cuarzo de los relojes se cultiva artificialmente en criaderos. El cuarzo, al igual que todos los cristales, tiene agua.
Esto quiere decir que algo está pasando ahí dentro. Algo que no entendemos, pero que existe. Todo está vivo. Todo tiene una frecuencia de vibración y dependiendo de cómo sea esta, estarás en un reino u otro. Cuanto más denso es el material, más baja es la vibración. Al final, todo trata de lo mismo. Subir nuestra frecuencia de vibración para conocer otras dimensiones. Cualquiera que haya meditado profundamente habrá notado cambios en la vibración. Esto se percibe mucho más en sueños y conexiones con el cuerpo energético.

