Hace unos meses escribí un artículo sobre cómo detectar los defectos propios. Creí que con saber detectarlos bastaba. Me sentí muy bien por saber verlos. Llevo meses analizándome y detectándolos. Lamentablemente me ha ocurrido algo en los últimos días que ha provocado en mí un nuevo despertar. Y voy por el tercero, creo.
No os voy a contar lo que me ha pasado, es demasiado largo y os aburriría. Lo importante es lo aprendido. Lo primero es que si ya pensaba que el camino de la mente iba a ser largo, ahora lo pienso mucho más. Yo iba muy confiado dándome cuenta de mis defectos a cada momento. El gran problema es que solo me fijaba en los defectos que afectaban a mi exterior, es decir, familia, amigos, etc. Procuraba no decir nada desagradable a los demás y ese tipo de cosas pero tenía absolutamente descuidados mis pensamientos. De hecho los llevo descuidados desde que nací.
Mis pensamientos me han llevado a proyectar una situación que se me ha repetido a lo largo de la vida en muchas ocasiones. Esta vez ha sido la más fuerte de todas. Lo bueno es que algo que a priori parecía una catástrofe, se ha convertido en la verdadera oportunidad de aprender a tener orden en mis pensamientos de una vez.
Una cosa es saber que nos proyectamos a través de los pensamientos y otra es sentirlo. Hace meses lo sabía. Ahora lo estoy sintiendo. No puedo decir que lo tenga asimilado completamente pero estoy teniendo momentos de agradecimiento y felicidad profundos y sinceros. Ahora sé que esto que me ha ocurrido nunca va a volver a pasar.
No sólo eso, sino que gracias a la comprensión de la estructura del pensamiento que he llevado a cabo para que esto me ocurriera, estoy siendo capaz de ver más situaciones que he proyectado a lo largo de mi vida y con las que me he hecho daño. Soy yo el causante de lo que ha pasado. Hace años habría culpado al que tengo en frente. Ahora no. Ahora sé que tengo que mantener el silencio interior o habrá castigo.
Estas proyecciones con las que nos castigamos vienen de nuestros miedos. El miedo lleva al egoísmo, el egoísmo lleva al ego, el ego a pensamientos erróneos, los pensamientos llevan a acciones erróneas, las acciones erróneas llevan a situaciones en las que estás haciendo algo pero crees que deberías estar haciendo otra cosa, y esto último lleva a la culpa. Cuando estás lleno de culpa acabas castigado por la ansiedad o la depresión. Si se prolonga mucho en el tiempo puedes acabar enfermo físicamente.
MIEDO -> EGOÍSMO -> EGO -> PENSAMIENTOS -> ACCIONES ERRÓNEAS -> CULPA -> DEPRESIÓN, ANSIEDAD
Cuando tienes miedo a nivel consciente, lo llevas a tu inconsciente y este crea tu realidad. La ansiedad aparece cuando te preocupas del futuro, la depresión cuando te preocupas por el pasado. La depresión y la ansiedad son sus mayores argumentos. La depresión es el alma mater del egocentrismo y siempre es algo que no tienes y que quisieras tener. Hablamos de la depresión que dura años, no la derivada de la pérdida de un ser querido. La ansiedad es el capricho del ego, viene derivada de lo que quieres que ocurra en el futuro.
Mediante la culpabilidad el ego intenta manipular al que tienes en frente o a ti mismo. Cuando surge la culpabilidad empiezas a hacer una petición de castigo. Da igual echar la culpa a otro o sentirse culpable. Es lo mismo. Comienzas actuar bajo el «tengo que» y «debo de», ya que si no las haces te sentirás culpable. Te sentirás solo. El que se siente solo espera que los demás hagan lo que uno quiere. Cuando te sientes solo es porque no estás contigo mismo. Estás con el ego. Soledad es egoísmo.
Miedos y más miedos. Cuanto más miedo tenemos más egoístas nos volvemos y es ahí donde el ego nos juega malas pasadas. El ego solo está interesado en crearte conflicto, culpa y sufrimiento. Se alimenta de ellos. Cuando termines de pasar por esos estados, si es que lo consigues, se inventará nuevos pensamientos a través de interpretaciones falsas de la realidad para poder volverte loco de nuevo. Sus armas son la crítica y la queja y las crea a través de tus juicios. Tus problemas son su mejor alimento.
Vigila tus pensamientos. Busca el silencio interior. No sabemos lo que es bueno para nosotros así que es imposible que sepamos lo que es bueno para los demás. Solo tú tienes la solución a tus problemas. No permitas que nada del exterior te influya o afecte.
Cuando una persona se enfada contigo, te reclama, o te hace daño de cualquier tipo, te está pidiendo ayuda de un modo inconsciente. Está cargada de miedo pero no lo sabe. No tienes que decirle que tiene miedo, tan solo darte cuenta de lo que está pasando y actuar en consecuencia. Así le ayudarás. En vez de entrar a discutir, entras a comprender escuchando sin condicionamiento.
Para poder superar estos miedos es necesario hacer el camino de vuelta desde la depresión o ansiedad hasta el miedo. Te conocerás a ti mismo. Busca situaciones en tu vida que se hayan repetido causándote sufrimiento y asume que tu eres el hacedor. La persona que tienes en frente y comete esos actos punitivos, realmente te está ayudando a conocerte mejor. Esto no significa que tengas que seguir viviendo con quien te violaba o pegaba, simplemente le agradeces lo ocurrido y te vas.
Una vez que hayas comprendido esto céntrate en no juzgar nada de lo que veas. No juzgues el pasado ni te proyectes en el futuro. Vive el presente. Has de salir de todo lo que conoces para poder valorar todo esto. En el momento que veas a la persona que supuestamente te está haciendo el mal, olvida todo lo que pienses de ella y que la sociedad te diga lo que está bien o mal. Podrás ver a quien tienes en frente de verdad y aprenderás lo que es el verdadero amor.
De este modo aprenderás a corregir tus errores de percepción de la realidad y habrás obrado un milagro.