
Todos queremos ser ricos pero, ¿lo hacemos por disfrutar de ello o por los demás? La pregunta parece absurda en inicio. Estoy convencido de que te estarás diciendo a ti mismo que lo harías por disfrutar.
Imaginad que apareciese el genio de la lámpara y os diese estas dos opciones:
- Seguir viviendo la vida que llevas dependiendo de un trabajo y pagando deudas al banco hasta el lecho de muerte.
- Ser rico a cambio de ir todos los días a mendigar durante dos horas a la puerta del sitio que más te moleste (colegio, antiguo trabajo, antigua vecindad…)
La segunda opción implica que vas a ser un mendigo a los ojos de la gente con la que competiste en tu vida para tener dinero. Ellos nunca sabrán que eres rico, el resto de la población sí. Es decir, las quinientas o mil personas que hayas conocido en tu vida te verán como un mendigo hasta que te mueras. Los otros siete mil millones de personas de la Tierra te verán asquerosamente rico.
Yo voy a ser sincero, no me veo haciendo la opción dos. Todavía tengo demasiada importancia personal. Lucho cada día por poder hacerlo. Sería mi sueño. Implicaría que me diese absolutamente igual lo que la gente piense de mí. Menudo poder.
Esto implica una mala noticia y una buena. La mala es que, si tienes la más mínima duda al contestar, estás mucho más influenciado por lo que piensen los demás de ti de lo que pensabas.
La buena es que estás dispuesto a renunciar a ser rico para seguir viviendo tu vida. Eso es porque tu vida no es tan mala como crees. Agradece lo que tienes, eres muy afortunado y no lo sabes.
Espero poder escribir un libro dentro de diez años en el que os cuente cómo me convertí en mendigo y fui feliz. ¿Os imagináis hacerlo porque sí? Auténtico acto de liberación.
Este ejercicio ha sido extraído de mi libro MENTE