
Después de varios meses en casa por el tema del coronavirus, he terminado realmente hastiado del whatsapp. Los primeros días, sobre todo, fueron los más pesados en cuanto a recepción de memes y vídeos de gente aburrida. La gota que colmó el vaso fue, cuando hace unos días, se me ocurrió consultar en el móvil, cuántas horas usaba el whatsapp al día. Entre dos y tres. Lamentable. Me avergoncé de mi mismo y acto seguido destiné el whatsapp para hablar exclusivamente con mi señora, padres, clientes y conversaciones personales. Adiós a los grupos. La verdadera causa del problema.
Una vez tomada esta decisión, por curiosidad, miré los dos o tres grupos en los que más participaba, para saber qué era eso tan importante que me tenía enganchado. Descubrí que, si miras cualquier grupo de whatsapp, los comentarios se repiten en bucle. Las mismas gracias dichas por unos y por otros tintineando de forma estrepitosa en un periodo de tiempo indeterminado. Podría decir que la repetición de gracias tiene un comportamiento fractal, incluso.
¿Cuál es el problema de esto? Pues que nos repetimos como el ajo. Y cuando uno empieza a repetirse demasiado, le dicen que está senil, como el abuelo cebolleta. Esto me ha hecho preguntarme si la senilidad no la creamos nosotros desde que nos empezamos a amoldar a nuestros queridas y amadas tradiciones y sus condicionamientos.
Nos empezamos a autoconvencer de todo desde que tenemos uso de razón. No hacemos más que ir confirmando las cosas que creemos saber a lo largo de nuestras vidas. Pensamientos repetitivos, autoengaños e incapacidad de salir de nuestros argumentos y teorías. Poco a poco la mente y el cerebro se van constriñendo y desembocando en la senilidad.
Cuando llegue el momento, iremos al médico, nos harán un escáner de la cabeza y verán que las vías neuronales estarán obstruidas, gastadas o lo que sea. La causa podrá ser que fumabas, o bebías, o con lo que el médico quiera disculparlo. Mi abuela tuvo un grave problema de senilidad y vivió toda su vida más sana que una manzana. Hay gente que se pasa una vida de excesos y no le pasa nada. Unos hablarán del componente genético. Me gusta pensar que soy el responsable y causante de todas las cosas que ocurren en mi vida. Tanto buenas como malas.
¿No seremos nosotros los que agotamos esas vías de comunicación interna? La verdad, me da que pensar. Lo que sí tengo claro es que voy a dejar de repetirme tanto. Crear más silencio interior y escuchar a los demás, en lugar de querer tener siempre la razón. Que por cierto no sirve para nada y lo demostraré en otro artículo.
Me ha gustado mucho la comparación, que he hecho a modo de broma, del comportamiento fractal de nuestros chistes en whatsapp. Así que os dejo un vídeo de fractales, que me encantan.
