Vivimos en la cultura del éxito. Lleva instaurada en la humanidad desde hace 3.000 años, por lo menos. Medimos la felicidad según las posesiones que tengamos, trabajo, esposa, hijos y cómo consigamos colocarlos, los que puedan, a estos últimos, en puestos de trabajo de futuro, haciendo una demostración total de nepotismo doméstico. Ese nepotismo que tanto criticamos a políticos y altos cargos. Probablemente, esta época sea el auge de la cultura del éxito.
Esta cultura de éxito tiene como primera consecuencia la ley de recompensa y castigo de la que ya hice un artículo en las pasadas fechas. La recompensa y castigo es un modo de educar que viene de la tradición de miles de generaciones. No sabemos hacer las cosas de otro modo. Haces lo que quiero, te recompenso. No lo haces, te castigo. La posición más cómoda para el educador.
Una vez introducido esto, tengo que pasar a definir lo que son el MIEDO y el PLACER. Ambos tienen la misma estructura. Por lo tanto comenzaré con el MIEDO o TEMOR.
El miedo es un movimiento en el tiempo. Uno sufre un dolor en el pasado, recuerda eso en el presente y evita que vuelva a pasarle en el futuro. A priori, parece algo completamente lógico y de vital supervivencia. Nadie diría que esto puede ser la raíz de nuestro sufrimiento.
Tenemos una mente desordenada. Ese desorden nos trae confusión, conflicto y por ende, sufrimiento. Somos contradictorios en todo. Absolutamente mezquinos. Vivimos desde los opuestos. Por ejemplo un abogado, que después de defender a un delincuente culpable y destrozar a una familia inocente, se va el domingo a misa, escudando su comportamiento en la profesionalidad. Un ingeniero que firma proyectos con fallos leves, ya que el cliente, si no, se le escaparía. La lista es interminable.
Este desorden que tenemos crea los opuestos. Católicos y musulmanes, comunistas y totalitaristas, etc. Es imposible tener orden en una sociedad fragmentada. Y menos aún, orden en la mente.
El creador de ese desorden es el deseo. El deseo funciona del siguiente modo: Yo percibo una cosa, por ejemplo un coche bonito, y al verlo creo una imagen de mi, conduciendo ese coche. Es en ese momento, en el que creo la imagen, cuando aparece el deseo.
PERCEPCIÓN (VER, OÍR…) – SENSACIÓN – IMAGEN – DESEO
Es el pensamiento el que crea esa imagen. El pensamiento viene de la memoria, que viene a su vez de las experiencias y tradiciones que hemos recibido en nuestras vidas. Allá donde hay tradición no puede haber cultura. Cultura significa crecer, desarrollarse. La tradición se viene transmitiendo de generación en generación desde hace miles de años.
Al ver el coche bonito, me imagino conduciéndolo, con una chica guapa al lado, con dinero, presumiendo por la calle y en definitiva: TENIENDO ÉXITO. En el momento que aparece en nosotros el deseo, viene ligada con él la voluntad. La voluntad es la acción del deseo. Deseo ese coche y haré todo lo posible por tenerlo. Al no conseguir tenerlo, aparece la frustración que desemboca en el miedo.
DESEO – ACCIÓN – VOLUNTAD – SATISFACCIÓN – FRUSTRACIÓN – MIEDO
Aparece el miedo a no tener éxito, a perder el trabajo, a estar solo, a no amar. Hay miles. El deseo está siempre asociado a la imagen del logro y del miedo. Es necesario comprender la confusión en la que vivimos, para que surja el orden. La confusión es la actividad del deseo. La persecución del PLACER también genera desorden.
El placer aparece cuando, al tener un deleite o gozo (sensación), pensamos en volver a vivir esa experiencia. Un claro ejemplo, es la depresión que le entra a uno cuando vuelve de un viaje maravilloso. Simplemente estás todo el día pensando en como repetirlo. Aparece de nuevo la frustración.
Por lo tanto placer y miedo, son movimientos en el tiempo de los recuerdos de las sensaciones vividas. En el caso del placer, vamos siempre en busca de esa sensación. En el caso del miedo, vamos siempre huyendo de esa sensación. Es por esto que su estructura de aparición es la misma.
Una vez que tenemos esto claro, tenemos que darnos cuenta y estar muy atentos, a cuándo pueden aparecer el placer y el miedo. Si veo un coche bonito por la calle, tengo que dejarlo en el momento que desaparece de mi vista. Vivo la sensación de ver un coche precioso, pero no me cuelgo del pensamiento que creo con mi conocimiento.
Es muy importante entender esto de verdad. Una cosa es hacerlo intelectualmente, al leerlo, y otra llevarlo a cabo. En el momento que esto se empieza a hacer, aparece un cambio radical en nuestras vidas. Aparece una mente con espacio. Una mente con espacio, es una mente que nunca está ocupada con problemas.
Por favor que nadie piense que hay que dejar de vivir sensaciones. Por supuesto que sí. Disfrutar de una comida, de una puesta de sol, el sexo… Más que nunca hay que vivir los gozos que nos da la vida. Pero dejarlos en el momento que terminan. Incluso si cuando lo estamos viviendo, pensamos en el placer que nos produce, el gozo desaparece. Hay que dejarse llevar por la sensación, y pasar de largo cuando esta termina.
Los mismo ocurre con los miedos. Los diferentes tipos de miedo son la ira, los celos, la vanidad, la soberbia… Hay miles y miles de ellos. Todos son miedos expresados de distintos modos. Cuando uno está cabreado, no se da cuenta de ese miedo. Solo vive la sensación de ese enfado. Es en el momento en el que uno se da cuenta de lo ocurrido cuando aparece el miedo y la huida. «Tengo que dejar de ser así», «cómo has podido comportarte de ese modo», etc.
Repito, en el momento en el que aparece el miedo, por ejemplo los celos, darse cuenta de que eres tú el que estás creando eso a través del pensamiento. Tú eres los celos. Al observar ese miedo, eliminando tu tradición y condicionamiento, este desaparece. Te das cuenta que esos celos vienen porque viste una película en el que la pareja engañaba al otro, o porque la novia de fulanito hizo esto o aquello. Eliminas tu conocimiento y te das cuenta de que esos celos vienen en función del tiempo.
Luchar contra el miedo no lo elimina. Llevamos haciendo esto toda la vida y no funciona. Si cuando vemos algo en nosotros que no nos gusta, nos decimos tengo que dejar de ser así, estamos luchando/huyendo de ello. El miedo va a seguir. Solo eliminando el conocimiento en ese momento, desaparecerá.
Hay que estar muy atentos amigos. Un cambio radical nos espera. Yo ya lo estoy experimentando y, nunca sentí tanta paz y dicha de vivir. Una mente ordenada y con espacio. El silencio interior aparece solo. Sin esfuerzo.
Aquí os dejo la charla de nuestro querido Jiddu Krishnamurti en la que me he basado para este artículo. Básicamente, os he contado con mis palabras lo que viene a decir en esta hora y cuarto de sabiduría neta. Gracias Krishnamurti.



