No existe la gente guapa o fea. Todo es un condicionamiento que tenemos desde que nacemos. A través de nuestros padres, amigos, publicidad, medios, cine, revistas, etc. Desde antes de hablar, recibimos estímulos dependiendo de cómo sea nuestro físico. Para demostrar esto, os voy a hablar de los Wodaabe.
Los Wodaabe son una tribu africana, en la que los varones se preparan desde niños para ser guapos. Su ideal de belleza dista mucho de lo que podemos encontrar en el mundo occidental.
Esta gente, se prepara toda la vida para su ritual. ¿A vosotros os parecen guapos? A mi, no. Seguramente, nosotros a ellos, tampoco les parezcamos guapos. Entonces, ¿que es la belleza? Muchos estudios han coincidido en que consideramos guapos a la gente que tiene más simetría. No sé si será eso. Lo que sí puedo asegurar es, que lo que consideramos atractivo en occidente, solo lo es para nosotros y lo mejor es, que dentro de 800 años no será considerado atractivo. Habrán cambiado los ideales de belleza. Dentro de 800 años tampoco existirán España y Cataluña, pero eso es otro tema.
Por cierto aquí os dejo estas fotos de mis gatos Blupy, Chewbacca y Rashna. Que son guapísimos. Aquí, en África y en Andrómeda. Por cierto son todos adoptados. Y con esta demostración, alimento mi ego. No soy perfecto.
No voy a soltar un discurso diciendo que guapo es el que quiere y,que la belleza está en uno y, toda esa basura de publicidad para abrir mercados de gente con problemas de amor propio. Lo que sí os puedo decir es, que una vez que me di cuenta, o mejor dicho, quise darme cuenta de que no hay guapos o feos, empecé a ver a todo el mundo desde un punto neutro. A ver qué pasaba.
Más de una vez me he sentado en un banco, simplemente a ver la gente pasar. Sin juzgar. Es difícil. Estoy lleno de prejuicios. Lleva un rato crear el silencio interior suficiente para esto. El ejercicio lo he realizado muchas veces. También en bares y centros de ocio. Cuanta más gente haya, más difícil es no juzgar.
He conseguido llegar, algunas veces, a estados de silencio en los que desaparecían todos los prejuicios. Mejor dicho, muchos de ellos. Aparecía en mí algo difícil de describir. Gente que, según los condicionamientos de la sociedad, eran auténticos adefesios, se tornaban en verdaderos retos creados por la naturaleza. Formas que retaban la imaginación. Incluso los rostros supuestamente bellos, empezaban a parecerme aburridos. Es más fácil ver esto con animales. Se ha puesto de moda enseñar fotos de animales con diferentes problemas congénitos, diciendo lo monos que son. Y realmente lo son. Adorables en todos los casos. Dan ganas de protegerlos. Sin embargo, con los humanos reaccionamos distinto. Desde la época de los espartanos, que tiraban a los niños deformes por un barranco, hasta los días de hoy, que ya desde niño puedes sentir distanciamiento o incluso maltrato psicológico, si no estás dentro de los estándares de belleza.
El caso es que si somos capaces de ver las cosas con silencio interior, sin juzgar, sin dejarnos llevar por nuestros prejuicios, la percepción cambia para bien. Os invito a que lo hagáis.
Os dejo un extracto de una charla sobre la belleza de nuestro querido Krishnamurti:



