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RECOMPENSA Y CASTIGO

A la gran mayoría de nosotros, nos han educado con el sistema de recompensa y castigo. Lleva siendo el válido desde hace miles de años y se da por bueno. Vamos a analizar les necesidades, comodidades y consecuencias que tiene este sistema en el devenir propio y el de la sociedad.

Yo mismo he defendido este sistema durante la mayor parte de mi vida. Sin embargo, viendo las alternativas que hay, y cómo ha influido en mi vida, me pregunto si es lo mejor para la educación de alguien y para el desarrollo de una sociedad sana. Es lógico pensar que si una persona hace las cosas bien, merece un premio. Y si hace las cosas mal, merece un castigo para que así, no se vuelva a repetir el comportamiento. Sin duda, el sistema funciona. Todos hemos hecho cosas a cambio de recompensas. Estudiar, portarse bien, acudir a un evento que no teníamos ganas…

El problema viene cuando este sistema se alarga en el tiempo. No funciona a largo plazo. A medida que crecemos la recompensa nos empieza a importar menos y empieza a primar lo que realmente queremos hacer. ¿El castigo? Lo soportaremos. Nos vamos haciendo insensibles a broncas, a no salir de casa, retirada de estímulos económicos y demás soluciones. A cambio nos vamos frustrando y generando una separación y odio con la persona que te da esos premios y castigos, que suelen ser los padres. Esta rutina también se aplica entre amigos, parejas, hermanos…

 

 

Es cierto que hay gente a la que le funciona siempre, pero son los menos. Generalmente gente responsable y con mucho espíritu competitivo. Pero no todos somos así. Es importante aclarar que el sistema RECOMPENSA – CASTIGO  es el más cómodo para el educador. ¿Haces lo que quiero? Premio, ¿no haces lo que quiero? Catapum.

El educador se desliga de la responsabilidad y su vida se hace más cómoda. Es cierto que no le queda otro remedio. Él, no tiene la culpa. También fue educado así. Además, en clases de 40 niños, como las que fui yo, era imposible otro sistema.

En el momento que uno hace una tarea por el mero hecho de la recompensa, la tarea en sí, pierde el sentido. Esto lleva, con el paso del tiempo, a odiar todo lo que haces. Odiar tu trabajo, odiar ir a la oficina y odiar relacionarte con otros en entorno de trabajo. El motivo es que no siempre vas a hacerlo bien y conseguir ese premio. Hay gente que siempre hace todo bien, pero son los menos.

    

 

 

En mi opinión, hay que enseñar a amar la tarea que se hace por el mero hecho de hacerla. Para ello es necesario que el educador la realice con el educado y que este tome ejemplo. Es una labor lenta pero fecunda. 

Mi experiencia ha sido la que aquí se relata. Odiaba el colegio y no te digo lo que me suponía madrugar para ir a la oficina. Estar allí de 8 a 21 horas y volver para meterme directo en la cama, y así poder despertar al día siguiente. Estos dos últimos años he aprendido a realizar las tareas por el amor a hacerlas. Es algo que suena ridículo al principio pero, trabajando en ello, se consigue con el tiempo. Y no es difícil.

Solo puedo decir que la mejora ha sido notable. He eliminado la multitarea de mi vida, y solo me centro en una actividad cada vez. No voy a decir que no me canso o que no acabo harto pero, es distinto. Estoy más orgulloso de mi trabajo y mi relación con los clientes es mucho mejor. 

Aquí os dejo unos consejos de Sadhguru sobre el tema. Recordad, no sigáis a nadie.

 

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